Victoria de Kuralaba

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El Gobernador Martín García Oñez de Loyola se encontraba en Imperial junto a sus fuerzas cuando recibió un aviso de la muerte de dos españoles en el fuerte de Lonkotoro. Según Diego  Arias de Saavedra el mensaje lo traía el Lonko Nawelfurí de Mulchén, quién venía desde Angol con la comunicación.

Nawelfurí camino a Imperial, según este autor, visitó en Purén al Toki Pelontraru para ponerlo al tanto de la situación y preparar una emboscada en contra del enemigo para el caso que el Gobernador decidiera reforzar a Angol. Diego de Rosales, conforme esta información, señala que Nawelfurí iba de werken pero acompañado de 12 kon`a siendo uno de ellos el que se entendía directamente con Pelontraru y Ankanamún. Por otro lado Francisco Nuñez de Pineda y Bascuñan en su “Cautiverio Feliz” consigna que Quilalebo (Külalew?) decía que Pelontraru tenía espías y oteadores que lo mantenían informado, aunque habría oído decir a otros Mapuche que algunos vaqueadores dieron aviso a Pelontraru de la comitiva, hechos que Rosales ratifica diciendo que cuando Pelontraru estuvo preso contó que ellos no sabían que estaba el Gobernador, que si lo hubiesen sabido hubiesen llamado a la infantería que dejó en Purén. Habría dicho que pensaron que eran pasajeros o arrieros que iban con carga. Igual situación retrata Alonso González de Nájera: ”pasando acaso por aquel valle hasta ciento y cincuenta indios de la provincia de Purén, que andaban por aquel camino a fin de robar alguna escolta de bastimentos de las que solían ir de la Concepción a la Imperial, vieron los caballos que andaban paciendo, y conocieron luego que dormía allí el Gobernador”.

Arias de Saavedra dice que cuando Oñez de Loyola se dirigía a Kuralaba en Chillán se presenció una gran batalla en el cielo formada por nubes donde nuestras fuerzas derrotaban a los españoles, además dice: “Otros portentos vimos espantosos: aves no conocidas en poblados, los cóndores volaban presurosos al canto de lechuzas mal formado, abundancia de búhos y raposos, fuera de los estanques el pescado, prodigios y presagios inauditos casos abominables y esquisitos. Una india contó públicamente, habiendo visto bien estas señales, que por se haber mostrado en el poniente verná a los españoles muchos males; pero que, si se vieran al oriente, los tuvieran sus propios naturales; también dijo, afirmándolo por cierto, que Loyola sin falta sería muerto”, relato que Rosales fortalece diciendo que el mismo día que Oñez salió de Imperial, a las tres de la tarde, se vio una gran bandada de cornexas volando por el poniente y una gran cantidad de aves nocturnas, además que de repente se apareció una horrenda visión que obscureció con sus humos el sol, era una nube negra que se movía rápido como remolino que se dividió en dos siendo cada uno un ejército, repitiendo además lo dicho por Arias de Saavedra en relación a la machi. Además de lo anterior, Rosales menciona una serie de avisos que habría recibido Oñez de Loyola como un sueño que tuvo donde unos toros lo despedazaban; o que durante la noche un perrillo que le habían regalado se metió debajo de su cama aullando. Al día siguiente el chantre Alonso de Aguilera le habría contado que había soñado que nuestras fuerzas lo mataban en una batalla (al Gobernador), rogándole que no viajase antes de pascua de navidad. Sumado a esto, un astrólogo le habría dicho en Madrid “Que el año de 1598 (que es el que vamos) se vería en un grande aprieto y fatiga, y que si se escapaba sería un hombre de gran fortuna” concluye Rosales.

Francisco Nuñez de Pineda y Bascuñan dice que Külalew le contó que al Gobernador antes de salir de Imperial se le cayó el freno de su caballo y que su lebrel (el perrillo?), al poner el Gobernador el pie derecho en el estribo, saltó rabioso a embestir al caballo haciendo presa la cabezada.

Aparte de todas estas advertencias existía información concreta sobre la gestación de un levantamiento, por lo que la decisión de viajar con pocos hombres fue cuestionada por el capitán Pedro Ibacache que había recibido relaciones de los Lonko yanakona Pedro Inautaro (InaTraru?) y Diego NaucoPillan (ÑankoPillán?) de Forowe y los Maques (Makewe o Makewa?).

El mismo día en que salió de Imperial, antes de alojar en el valle de Anapocha, su trompeta llamado Abraham, flamenco de nación, le pidió licencia para volver porque su corazón le preguntaba que hacía ahí. A la mañana siguiente su perrillo habría jugado mucho con Oñez de Loyola, como despidiéndose, para luego volver a la Imperial solo, cosa que jamás hacía ya que nunca se despegaba de él termina Rosales.

Siguiendo el relato del Purén Indómito, durante el camino Nawelfurí mantuvo contacto permanente con Pelontraru por medio de Millatrewa que oficiaba de werken. El plan consistía en alojar a los españoles en Kuralaba, lugar ubicado en una angostura estrecha que tenía tres padrastros que son lugares altos que dominan una plaza. A mano derecha, viniendo desde el sur al norte, había una loma y a la izquierda el río Lumako que corre barrancoso por el lugar. Allí llegó el campo español que confiadamente soltó sus caballos y levantó sus tiendas. Por su parte Pelontraru envió observadores que lo mantuvieran constantemente informado de los movimientos del enemigo. Con los informes, Pelontraru trasladó su campo a un bosque cercano a Kuralaba donde dividió en tres sus fuerzas entre él, Ankanamún y Waikimilla. Rosales dice que:

 “resolvió Pelataro con consejo del viejo Pailamacho, y de los demás purenes, seguir al gobernador con doscientos soldados escogidos, en secreto, y sin ser sentidos, como lo hizieron; hecharonles algunas espías que los llevasen siempre a vista”, señala además que la comunicación habría sido por medio de graznidos y aullidos de animales nocturnos. Dice además que Pelontraru fue personalmente a espiar, respondiendo a las órdenes deAnkanamún que finalmente decidió donde y a qué hora atacar, a pesar de que Pelontraru tenía otras ideas.

El número de enemigos y de Mapuche es variable según la fuente que se consulte, pero en general las diferencias no son muy grandes. Alonso González de Nájera, que participó en la guerra contra los Mapuche entre los años 1600 y 1607, asegura que el Gobernador había salido hacia Angol desde Imperial con más 40 soldados. Agrega que Pelontraru habría caído sobre los españoles en Kuralaba con sólo 150 weichafe. Señala que durmieron “sin el recelo que debieran tener de enemigos y aún de amigos (Yanakona)”, pero sin mencionar su número; Por su parte Córdova y Figueroa y Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán calculan en 60 el número de soldados españoles que acompañaban al Gobernador, sin referirse a los Yanakona, coincidiendo además en que Pelontraru atacó con 200 weichafe, Pineda y Bascuñan fundamenta su relato en lo que le habría contado Külalew; El historiador de Villarrica Guillermo González calcula en 50 los soldados españoles y en 600 los Yanakona, aunque para el bando Mapuche no da una cifra; Por otro lado el Ejército de Chile en su “Toqui Pelantaro” habla de 60 soldados españoles y 300 Yanakona, sin dar un número por el lado Mapuche; Diego Arias de Saavedra en su “Purén Indómito” nos trae la cifra de 50 soldados españoles sin hacer mención de los Yanakona, mientras que por los Mapuche señala que pelearon 600 weichafe; Por su parte Ovalle habla de 30 o 55 capitanes y soldados que acompañaban a Oñez de Loyola sin referirse al número de Yanakona, pero cifrando en 200 los weichafe de Pelontraru. Finalmente Diego de Rosales habla de 50 a 60 españoles con 80 yanakona más los que traía cada oficial a su servicio, y por el lado Mapuche 400 weichafe de caballería y un gran número de infantes que aguardaban en Purén para salir al paso del Gobernador.

González identifica a los atacantes como Purenche y Lumakoche, mientras Bengoa dice que eran Purenche y Ligkurache, y Pineda y Bascuñán sólo habla de Purenche.

Con la llegada del alba, y en medio de una espesa neblina, los españoles asumieron que no serían atacados por lo que decidieron acostarse. El descuido fue tan grande que nuestras fuerzas tomaron primeramente los caballos para luego rodear al enemigo penetrando tranquila y silenciosamente hasta la entrada de las mismas tiendas y pabellones sin ser sentidos. Nuñez de Pineda dice que Külalew le comentó que las fuerzas de Pelontraru encontraron a un criado muchacho buscando los caballos a quién capturaron e interrogaron, entregando éste toda la información solicitada.

El sonido del küllküll abrió las hostilidades, las lanzas atravesaban las tiendas y abrían surcos en los pechos de los españoles de donde salían flores de color carmesí, aquellos que asomaban de sus tiendas a mirar que pasaba perdían la cabeza de un mazazo o eran ultimados a lanzadas. Dicen las fuentes que los españoles alcanzaron a dar un solo arcabuzazo que Arias de Saavedra atribuye a Arango que prontamente fue muerto de un macanazo por Lonkotoro.

Arias de Saavedra dice por Martín García Oñez de Loyola: “A la primera voz saltó desnudo el desdichado y triste de Loyola, que vestirse la cota nunca pudo y la espada en la mano sacó sola; tomó después la lanza y el escudo y contra el enemigo blandeóla, que el solo hacer quiso resistencia a toda aquella bárbara potencia”, inmediatamente fue apoyado por Juan Guirao y Galleguillos protegiendo sus espaldas con la barranca del río, siendo estos tres los últimos en ser muertos según este cronista; González de Nájera dice: “habiendole hallado en pie con la cota en las manos, que se debía haber levantado sintiendo algún rumor (…) aunque por otras relaciones, asimismo de indios, se entendió que antes de matar al Gobernador, para triunfar con el, le llevaron desnudo a pié y maniatado a sus tierras, donde habiéndole muerto en la solemne fiesta y borrachera, que para ello harían con las crueldades que acostumbran, fueron luego con su cabeza levantando y conmoviendo todo el reino”; Ovalle coincide con estos autores porque dice que Oñez de Loyola estando ya armado para salir a defenderse fue muerto por miles de heridas; Rosales por su parte dice que el Gobernador salió a pelear con su espada donde fue muerto sin que supieran que se trataba de él hasta más tarde por los prisioneros tomados, entonces fueron al toldo del Gobernador, junto al cuál se encontraba el cadáver de Oñez y le cortaron la cabeza. Luego la colocaron sobre una lanza para levantarla en alto, lo mismo hicieron con las cabezas de los capitanes mas importantes. Finalmente Pelontraru conservó la cabeza para fabricar con ella el rallilonko lugar de donde bebían muday los Lonko principales en las reuniones importantes.

Finalmente Arias de Saavedra dice que poco tiempo después los españoles enterraron los huesos de Kuralaba, pero al irse éstos los Mapuche los desenterrábamos y los enastábamos en palos para recordarles constantemente lo sucedido, y así se fue repitiendo sucesivamente esta situación hasta que el Maestre de Campo Diego Florez los llevó a su costa a San Ildefonso de Arauco para finalmente enterrarlos.

El número de sobrevivientes una vez más varía según el autor consultado. Mientras Diego Arias de Saavedra habla de cuatro sobrevivientes, entre los cuáles uno logró escapar a la Imperial (Bernardo de Pereda), dos sacrificados posteriormente (Capitán Pedro Escalante y un tal Guzmán) y un intercambiado por un prisionero Mapuche (Clérigo Vallejos); él Ejército de Chile también habla de cuatro sobrevivientes, dos que no identifica, Bernardo de Pereda y un padre Bartolomé Pérez (¿Clérigo Vallejos?) que habría sido canjeado por el Toki Millakalkín; finalmente Guillermo González habla de dos sobrevivientes sin identificarlos. Rosales dice que escaparon tres españoles mal heridos (el clérigo Bartolomé Perez, el Capitán Escalante y Bernardo de Pereda) y dos o tres yanakona.

La victoria de Kuralaba fue una sorpresa muy bien elaborada sustentada en la confianza que tenía el Gobernador español en que había sentado bases firmes de paz y dominio sobre nuestro país, en un notable servicio de inteligencia operado por Nawelfurí y en un hábil y disciplinado ataque dirigido por Pelontraru o por Ankanamún a decir de Rosales.

De la información proporcionada por los cronistas podemos constatar que el grueso de los hechos son coincidentes porque hay claridad en cuanto a la fecha, el lugar y a los autores salvo por el relato de Ovalle que sindica a Pailamacho, Millakalkin y Pelontraru como los autores de la hazaña sin referirse a Ankanamun y Waikimilla mientras que el Ejército de Chile sitúa a Millakalkín prisionero de los españoles y posteriormente canjeado por el padre Bartolomé Perez.

Por otro lado si analizamos la descripción de Francisco Nuñez de Pineda y Bascuñán, citando supuestamente a Külalew, nos topamos con que sus versiones son las mismas que circulan entre los demás cronistas sumando a esto que su relato sobre la Victoria de Tucapel, supuestamente de boca del viejo Lonko Aremchew, frente a las fuerzas de Pedro de Valdivia es prácticamente la misma que dan los cronistas antiguos, incluso en las versiones sobre la muerte del líder invasor. Todo lo anterior nos hace preguntarnos si efectivamente estos relatos provienen de la tradición oral Mapuche (totalmente creíble por la proximidad de los hechos en el tiempo) o son la repetición de informaciones de otros cronistas puestas en boca de los mencionados Lonko?.

 

Imagen 1: Sería Pelontraru. (no compartimos la imagen porque Pelontraru usaba la cabeza rapada).

Imagen 2: El Gobernador español Martín García Oñez de Loyola, muerto en Kuralaba.

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