Wetxipantû o wiñol txipantû

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Txipantu es una palabra compuesta de dos elementos, el primero de ellos es un verbo y el segundo un sustantivo. Primero desglosaremos el verbo para lograr la comprensión de este concepto. Nos encontramos con el término “xipa” el cual corresponde a la acción de salir, además éste se puede conjugar de diferentes formas: xipan= salir; xipa= sal, xipawe= salida y, finalmente xipake= suele salir (constantemente). Luego, tenemos el término Antü el que se refiere al sol, al día, a los días, etc. Por tanto, cuando hablamos de Txipantü nos referimos a la salida del sol, del año, comienzo de un día o incluso de un período. Con WE TXIPANTU, hacemos referencia a la salida de un nuevo WE (año, ciclo, comienzo natural, día, etc.). Wiñol es el acto de volver, entonces por Wiñol Txipantü se entiende como un ciclo, esto es, el período del año donde el sol regresa.

En la actualidad hay debate en torno al nombre correcto de este período ya que hay sectores de nuestra nación que señalan que We Txipantü, nueva salida del sol o año nuevo, es la mapuchización de un concepto wingka, esto es el año nuevo. En su libro “Awkiñ dungun Wall mapu txipawpo bill mongen” José María Pereira define el We Txipantü como: “Estado máximo e íntimo de recibir y renovar la energía con la madre tierra. Ocurre en el inicio de un nuevo ciclo solar (solsticio de invierno)”.

 

El WE TXIPANTÜ O WIÑOL TXIPANTÜ es el inicio de un ciclo natural que se enmarca tanto dentro de nuestro az mapu como en el de todas las primeras naciones del hemisferio sur. Es aquí donde se da comienzo a la renovación de la ñuke mapu (madre tierra), las fuerzas naturales y sobrenaturales. Si bien, en la actualidad, se le ha estipulado como fecha de celebración el 24 de junio, nuestros antiguos señalaban que, esta renovación se producía con el inicio de la primera luna nueva producida en el mes de Junio, es decir, entre el rango del 16 hasta el 28 de Junio aproximadamente, por tanto, la celebración del We Txipantü, estaría determinada más bien por los ciclos lunares, que por una fecha específica.

La renovación de la naturaleza comienza con la noche más larga del año. Nuestros abuelos y antiguos mapuche, esperaban y celebraban por varios días esta fecha tan importante. A modo de conmemoración se realizaban fiestas, las que duraban toda la noche; conversaciones, consejos, juegos, y también; las personas purificaban sus cuerpos con un baño en los esteros o ríos a altas horas de la madrugada, o a veces, a la mitad de la noche. Junto con ello, los espíritus también se renuevan, he ahí la importancia de estar en armonía consigo mismo y además, con la naturaleza.

Hoy en día, principalmente en las ciudades, el Wiñol Txipantü está siendo recibido en la forma de un ngillatún oficiados por Machi o Ngen Pin. Cada territorio tiene una forma de recibirlo sea ésta una sobria cena familiar con un baño en un estero o río antes del amanecer o mediante un ngillatún.

Cristobal Huincateo del Lof Zewmue en el libro Wenu mapu de Margarita Canio y Gabriel Pozo señala que “El 24 de junio, para el día de Wetripantu, se produce el traslado del sol”, se dice. Cambia de posición el sol, tanto como cambia la tierra, también cambia la naturaleza, se forma un nuevo mundo, la tierra como que se pone un poco más cálida, dicen. Entonces como que se renueva todo, aparecen los pastizales nuevos, los cogollos de los árboles nativos, diferente naturaleza que aparece en el campo.  Ya se está cambiando de posición, se está trasladando el sol, ya como que está más al norte, pero yo creo que está trabajando para acercarse más hacia acá al sur, entonces también uno ve la diferencia, de que hay un cambio de año. Por eso los Mapuche dicen Wetripantu, wenetui tripantu, un cambio de clima, todo eso, un traslado de la tierra es ese. Y dicen que también el agua como que se pone más cálida, müñetukefui kuifi fuchakecheyem feiti, ragnipun San Juan (las antiguas personas fallecidas se bañaban ese día de San Juan, en la media noche), para que se componga la suerte, para que se le vaya la mala suerte, para que se purifique todo el renacer de la tierra y el cuerpo de uno también, por eso es que se bañaba la gente antes, en el mes de San Juan. Ahora, si uno va a la mar, mejor todavía, dicen; allí uno tiene que hacer nillatun y bañarse, mojarse todo el cuerpo, para tener una nueva vida, una nueva salud. Todo eso viene a través del antü también, el antü también se toma en cuenta”.

Margarita Canio Llanquinao y Gabriel Pozo Menares señalan: “El levante del sol durante los amaneceres, visto desde cualquier punto del territorio Mapuche (hemisferio sur), tiene un avance sudeste – noreste que se inicia en diciembre de cada año; mientras que desde junio en adelante, presenta un avance noreste – sudeste. Este “regreso del sol” producido el 24 de junio de cada año, ha sido denominado Wetripantü”.

El día 24 de junio, temprano en la mañana, el sol se pone contento y baila de alegría (antü purrun) porque sabe que pronto se reencontrará con la luna, aunque en otros territorios se dice que es porque se le hará llellipun.

Hoy día se ha tergiversado mucho nuestra celebración del Wiñol Txipantü, en muchos casos incluso, ha existido un sincretismo cultural con la fiesta de origen europeo, conocida como la fiesta de San Juan, celebrada cada 24 de Junio. Los evangelizadores vieron con malos ojos nuestras fiestas ancestrales. A modo de conseguir una asociación entre nuestra celebración, la cual era considerada pagana, y la tradición cristiana que ellos impartían, lograron fusionar ambas tradiciones y por ello, hasta la actualidad, se relaciona al Wiñol Txipantü con la fiesta de San Juan Bautista. En la “Vida religiosa de los Huilliches de San Juan de la Costa” de Rolf Foerster el Lonko de San Juan de la Costa Laureano Millakipay decía: “San Juan, ese es el patrón que está ahí, de él es la iglesia, del santo, de San Juan, es el dueño de la iglesia y de la misión (…) Antiguamente, esta era una de las fiestas más esperadas en todas las casas de aquí, de los Mapuche de San Juan de la Costa. Ya en las vísperas se dejaban chanchitos cebados o los gansos. Era una fiesta muy linda. No se dormía esa noche por tanta tradición que había. Se sacaba la suerte, se salía por ahí al campo a hacer diferentes cosas, se azotaban los árboles cuando ya no daban frutos, se enterraba la habita en el monte para saber como andaría la suerte: si florecía era buena la suerte. En la noche se preparaban los milcaos, se cocía el chuño a las brasas y se comía toda la noche. Al amanecer, como a las cinco de la mañana, iba toda la familia a bañarse, así limpiecitos empezaban a hacer los asados”.

Por fortuna, en muchas partes de la nación mapuche, las celebraciones siguen siendo tan importantes como lo fueron para nuestros abuelos y ancestros, pues nos seguimos reuniendo y participando de una u otra forma, para comenzar con mucho newen (fuerza) el nuevo inicio del ciclo natural de la ñuke mapu.

 

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